Tus mandatos son maravillosos; por eso los obedezco. La explicación de tu palabra ilumina, instruye a la gente sencilla.
Salmo 119,129-130
No falta el “maistro”*: Vivimos en un tiempo en el que tenemos el mundo al alcance de la mano, a través de las redes sociales. Yo no soy de una generación que haya crecido con computadoras, internet y teléfonos celulares. Hasta que tuve 22 años estuve frente a una computadora y tuve que aprender a usarla porque tenía que escribir mi tesis profesional. Sin embargo, el mundo es otro años después, en cuestiones de comunicación.
El acceso a la información nos permite conocer información variada. ¿Cuánta gente hay que se ha hecho tutoriales a través del internet, para aprender actividades manuales o adquirir conocimientos intelectuales?
También nos hemos topado con información de dudosa procedencia, o con gente que pretende saberlo y conocerlo todo y por eso, opina de todo, pero mal. ¡No falta el “maistro”! ¿Cuánta información falsa circuló a través de las redes sociales durante el tiempo de pandemia a principios de esta tercera década de nuestro siglo?
Los versículos del Salmo 119,129-132 nos plantean cómo el salmista no busca cualquier información para su vida; no la resuelve a través de suposiciones o verdades a medias, sino a partir de la reflexión que hace en torno a su testimonio de vida con Dios. Su acceso a la información le permite buscar la sabiduría de Dios para su vida cotidiana.
Como creyentes en Dios también buscamos nutrirnos con su palabra. El acceso a esa información está abierto, nos invita a llegar ante Dios; su información no caduca, sino que se actualiza todos los días. Nos ayuda, no de manera mágica, sino a partir de su compasión, a entender nuestra vida para transformar la realidad en la que vivimos.
Roberto Trejo Haager