No dejes que me fije en falsos dioses; ¡dame vida para seguir tu camino! Confirma a este siervo tuyo las promesas que haces a los que te honran. Aleja de mi la ofensa que temo, pues tus decretos son buenos. Yo he deseado tus preceptos; ¡dame vida pues tú eres justo!
Salmo 119,37-40
La música y la oración: en el campo laboral de la educación, he elegido la música como una de las herramientas para llegar a niños y jóvenes, y para que ellos también la utilicen para sentirse bien y llegar a los demás. Es increíble ver cómo se les pasa el tiempo mientras la ejecutan y cómo buscan formas de mejorar el sonido. Incluso algunos han empezado a componer.
Con el paso de los años, he descubierto que muchas de las personas que participan en el proyecto, incluidos los niños y sus familias, son cristianos y pueden interpretar música en sus iglesias.
Pero, ¿cuál es la relación entre la música y la oración? La música enriquece nuestro diálogo con Dios, ya que crea un ambiente propicio para la concentración, la reflexión y la conexión espiritual. También podemos convertirla en canto, como el salmista, y acompañar con ella los diferentes momentos de la vida de las personas, y por supuesto, de la nuestra.
Comparto parte de una canción que considero una oración de agradecimiento:
“Ya libre soy, Dios me salvó y mis cadenas ya el rompió y como un río, fluyendo está. Sublime gracia, inmenso amor”.
Soledad Navarro