Tú eres un rey poderoso que ama la justicia; tú mismo estableciste la igualdad. Has actuado con Jacob con justicia y rectitud. ¡Alaben al Señor nuestro Dios! ¡Arrodíllense ante el estrado de sus pies! ¡Santo es él! Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre. Ellos clamaban al Señor, y él les respondía. Dios les hablaba desde la columna de nube; ellos cumplían sus mandatos y la ley que él les había dado.
Salmo 99,4-7
Este año me he propuesto, junto con mi hermano, leer toda la Biblia. Más que un desafío personal, lo vivimos como una búsqueda espiritual: conocer mejor a nuestro Dios y comprender por qué creemos en lo que creemos.
En el Antiguo Testamento profundicé en la relación entre Dios y su pueblo. Aprendí de sus luchas y de sus líderes, pero, sobre todo, aprendí de un Dios que guía, enseña y no abandona.
A veces, al leer estos textos, nos encontramos con un Dios severo que castiga. Sin embargo, el Salmo 99 nos recuerda que, a pesar de las dudas, los desvíos y las idolatrías, Dios habló, corrigió, perdonó y caminó junto a su pueblo. No era indiferente al error, pero su justicia iba de la mano de una misericordia infinita.
Como comunidad, estamos llamados a no repetir los errores del pasado y a no dejarnos tentar por un mundo lleno de idolatrías: el egoísmo, el consumismo y la indiferencia. Sin embargo, Dios sigue hablándonos desde “la columna de nube” de nuestras vidas, y nos invita a arrodillarnos, a reconocer su santidad y a volver a su camino. Dios no quiere que vivamos con miedo, sino con responsabilidad, memoria y esperanza.
Agustín Pellegrini