El señor le dijo a Ciro, su escogido, a quien tomó por la mano: “Yo someto ante ti naciones y desarmo a los reyes. Abro puertas delante de ti, y no quedarán cerradas. Yo iré delante de ti, y allanaré los montes; romperé puertas de bronce y haré pedazos sus cerrojos de hierro. Te daré tesoros escondidos, riquezas muy guardadas, para que sepas que yo soy el señor, el Dios de Israel, que te llama por tu nombre”.
Isaías 45,1-3
En tiempos de cambios, de injusticia y de desánimo, solemos encontrarnos en todos estos momentos. A menudo nos sentimos decaídos, angustiados y desesperanzados. Nos aterra pensar que no hay nada más, que no hay otra opción y que debemos conformarnos con esta realidad. Que es inútil luchar por mejorar, que hagamos lo que hagamos nada va a cambiar. Es ahí donde este versículo debe acompañarnos.
Quizá no vamos a someter naciones ni romper cerrojos de hierro, pero todos nos enfrentamos a montañas que parecen inamovibles: tristeza, ansiedad, dudas, injusticias… El mismo Dios que guió a Ciro nos guía hoy. “Yo iré delante de ti y allanaré los montes”, nos dice. Es una promesa y un consuelo.
En tiempos de prueba, no nos dejemos vencer por la dificultad, sino que avancemos con fuerza, porque tenemos un Dios que nos auxilia, nos guía e ilumina en medio de la oscuridad.
Seamos humildes y, en tiempos de aflicción, pidamos al señor que nos tienda la mano para seguir adelante, con la confianza de saber que Él va delante nuestro.
Agustín Pellegrini