Miércoles 16 de septiembre

Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.

Jonás 3,10-4,1

Nuestra visión limitada frente a la misericordia infinita de Dios. Martín Lutero decía que la fe nace por el oír. Nuestra misión es anunciar y predicar la Buena Noticia de Dios en Cristo. Finalmente, es por la gracia de Dios que esta palabra llega al corazón de la persona destinataria.
Claro que sabemos esto, está impreso desde la primera catequesis de la escuela dominical. Sin embargo, el enojo, la rabia y la frustración forman parte de nuestra humanidad. Desde nuestra limitada comprensión, a menudo pretendemos ocupar un lugar que no nos corresponde: el de juzgar a otras personas o situaciones de vida que conocemos superficialmente.
Dios, en su infinita misericordia, no nos deja solas y solos con nuestras limitaciones, sino que, como en el caso de Jonás, nos acompaña con amor, paciencia y pedagogía.
Nos acompaña en nuestro proceso de maduración en la fe y en el perdón inclusivo. Muchas veces nos consumen la ira, la bronca y el enojo (en el relato del libro de Jonás estaríamos en el vientre del pez).
Oramos para que, en esas situaciones, si nos tomamos el tiempo de observar sin enojo y sin preconceptos, Dios es siempre fiel para librarnos de los lugares a los que nos llevan los enfados desmesurados.
Oración: Bendícenos, Dios, con tu Espíritu; ayúdanos a ser personas misericordiosas y empáticas. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria. Amén.

Mariela Pereyra

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