Sábado 24 de octubre

Al contrario, fuimos cariñosos con ustedes, como una madre que cuida con ternura a sus hijos. Los amábamos tanto, que hubiéramos querido darles no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestra vida, porque llegaron a sernos muy queridos.

1 Tesalonicenses 2,7-8

¡Qué bonito es compartir el evangelio! Dios existe, Jesús ha resucitado y el Espíritu Santo está con nosotros. Son palabras de amor, de alivio y de esperanza, sobre todo cuando sentimos que no hay salida ni solución ante ciertos desafíos. Las palabras tienen ese poder de transformar lo que percibimos de nuestro alrededor; aún así, tienen más impulso e impacto si van acompañadas de acción.
Las acciones convierten las palabras en algo más concreto y tangible para quienes, por mucho que escuchen las buenas nuevas, les cuesta entender cómo pueden hacerse realidad en sus vidas. ¿Te acuerdas de ese abrazo de un ser querido ante una pérdida, de ese mensaje de aliento ante un desafío o de ese pequeño gesto que ha cambiado el transcurso de un día pesado? Además de las palabras, las acciones demuestran amor, y es maravilloso poder compartir el amor con las personas que nos rodean, incluso con aquellas que no sabemos que lo necesitan, y en comunidad.
Que nuestro Señor nos guíe para que no olvidemos compartir, tanto en palabras como en acciones, que Dios estuvo, está y estará con nosotros.

Sofía Ltaif Müller

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