Viernes 11 de septiembre

Reciban bien al que es débil en la fe, y no entren en discusiones con él. Por ejemplo, hay quienes piensan que pueden comer de todo, mientras otros, que son débiles en la fe, comen solamente verduras. Pues bien, el que come de todo no debe menospreciar al que no come ciertas cosas; y el que no come ciertas cosas no debe criticar al que come de todo, pues Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si queda bien o queda mal, es asunto de su propio amo. Pero quedará bien, porque el Señor tiene poder para hacerlo quedar bien.

Romanos 14,1-4

La lectura nos invita a hacer algo que no siempre es fácil: aceptar a quienes piensan y viven la fe de manera distinta. Nos recuerda que lo más importante no es lo que comemos o dejamos de comer, ni las prácticas que realizamos, sino si vivimos con amor, buscando honrar a Dios.
No estamos para juzgar cómo cree el otro o la otra, sino para recibirnos con respeto y comprensión. En nuestras comunidades vemos claramente que cada persona tiene su propia historia, su proceso y su forma de acercarse a la fe. Dios camina con cada quien a su manera y nos recibe a todas y todos tal y como somos.
Una comunidad cristiana no se construye desde la uniformidad, sino desde el amor que acompaña, que sostiene y que se alegra incluyendo la diferencia.
Por eso te pedimos, Señor, que nos concedas un corazón abierto, que sepamos escuchar antes que señalar, que, en lugar de levantar barreras, seamos puentes de encuentro y de gracia en todos los espacios donde vivimos, servimos y compartimos la fe. Amén.

Mariela Weiss

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