Viernes 6 de noviembre

Así como creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios va a resucitar con Jesús a los que murieron creyendo en él.

1 Tesalonicenses 4, 14

La certeza de la resurrección es un elemento central de la fe cristiana. No tenemos pruebas materiales de la resurrección, solo los relatos de los cuatro evangelios y las referencias en el resto de libros del Nuevo Testamento. En esta carta a los creyentes de Tesalónica, Pablo reafirma sus enseñanzas: que Jesús resucitó y que lo mismo sucederá con todos los que crean en él, tanto si han muerto como si están vivos en el momento de la segunda venida de Jesús.
Pablo tuvo que insistir en la idea de la resurrección porque era contraria al pensamiento de los filósofos griegos dominantes en esa época, que aseguraban que la muerte era el fin del ser humano: al morir, se acababa todo y no había nada después. Dos mil años después, el panorama no ha cambiado mucho: sigue habiendo muchos escépticos, gente que no acepta que haya vida después de la muerte.
Los testimonios y las promesas que encontramos en el Nuevo Testamento son suficientes para afianzar nuestra fe y alimentar nuestra esperanza en una vida después de la muerte. Con esa seguridad, podemos afrontar la vida sin miedo y confiando en el amor del Padre del cielo que nos creó y nos tiene preparada una morada para cuando hayamos cumplido nuestro ciclo en este mundo.
“Que si Cristo no viviera vana fuera nuestra fe, más se cumple su promesa: ‘porque vivo, viviréis’” (Cancionero Canto y Fe N° 71).

Beatriz Gunzelmann

Compartir!

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
Print