Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación. Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se reconoce a Jesucristo para alcanzar la salvación.
Romanos 10,9-10
La fe cristiana no es sólo una cuestión de palabras o un sentimiento de satisfacción interior. La fe transforma y trae consecuencias en la vida personal, familiar y comunitaria.
En el camino de la justicia, la fe activa nos llama a hacer más que creer: nos llama a actuar. Creer con el corazón es proclamar que cada persona es obra de Dios. Confesar con la boca es alzar la voz contra las estructuras que niegan la dignidad y que excluyen a grupos de personas, como las mujeres, de posiciones de liderazgo, del ministerio, de la plena participación en el cuerpo de Cristo.
La fe que transforma el corazón debe transformar también nuestras prácticas. Creer en la justicia es reconocer que en el reino de Dios, no hay inferioridad ni sumisión por razón de género. Confesar para la salvación es actuar para que todas las personas puedan experimentar esta nueva vida, libre de opresión y silencio.
Así, nuestro compromiso con la justicia, incluida la justicia de género, es una expresión de nuestra fe en Jesús, el Señor que resucita y renueva toda la creación.
Dios de vida y de justicia, renueva en nosotros y nosotras un corazón que crea profundamente en tu amor y que actúe con coraje en favor de la igualdad, la dignidad y la justicia. Que nuestras bocas proclamen palabras de esperanza y nuestras manos construyan signos de tu Reino, donde florece la justicia y se multiplica la vida. Amén.
Marcia Blasi