Al contrario, hablamos como hombres a quienes Dios ha aprobado y confiado su evangelio. No tratamos de agradar a la gente, sino a Dios, que es quien examina nuestros corazones.
1 Tesalonicenses 2,4
Con el paso del tiempo, es impresionante ver cómo las redes sociales influyen en la forma en que nos presentamos al mundo y en cómo interactuamos con nuestros “seguidores”. Publicamos lo que nos favorece, lo que es tendencia, inspirador y “estético”. Si bien utilizar estos medios de comunicación no es necesariamente malo, a veces les damos prioridad y aparentamos ser perfectos y aspiracionales, olvidándonos de lo esencial: la calidez de un abrazo de un ser querido, una sonrisa provocada por una alegría, palabras de aliento en un momento difícil y la presencia de Dios en todos esos momentos. Los “likes” y los comentarios en nuestras fotos de Facebook o Instagram son agradables, pero no debemos olvidar lo esencial: estar presentes en esos momentos de celebración o recuerdo de nuestras vidas y recordar que Dios no nos suelta la mano, tanto en los días nublados como en los más soleados.
Agradezcamos a Dios por su compañía de siempre y pidamos que nos ayude a recordar, agradecer y permanecer en los buenos momentos sin pensar en aparentar, sino en estar y ser.
Sofía Ltaif Müller